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lunes, 16 de septiembre de 2013

HOY, 16 de septiembre: Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono

Hoy es 16 de septiembre y se celebra el "Día Mundial para la conservación de la capa de ozono", instituido en 1995 por Naciones Unidas con el objetivo de sensibilizar a la opinión publica sobre este problema.

Desde 1985, año en que se adopta el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono, que fue seguido de varios acuerdos internacionales, se ha logrado un recorte sustancial en la producción de CFCs (compuestos clorofluorocarbonados) y los HCFCs (compuestos hidroclorofluorocarbonos), principales responsables de la destrucción de la capa de ozono.

La reacción de la comunidad internacional fue rápida y la mayoría de los países del mundo se comprometieron a acabar con la producción de los CFCs, los HCFCs y otros gases agresivos que afectan a la capa de ozono. Los países industrializados primero y el resto después han conseguido reducir un 80% de esta producción entre 1988 y 1996, con la esperanza que desapareciera en 2010. Los efectos beneficios no se serán inmediatos, pero si se sabe que evitará: 19 millones de casos de cáncer de piel, 150 millones de casos de cataratas y 70 billones de pesetas en pérdidas en la pesca y la agricultura de aquí al año 2060. Y, a más largo plazo, la posible desaparición de la vida en el planeta.

Lo esperanzador de este convenio es que, por primera vez, un tratado internacional sobre el medio ambiente haya provocado una respuesta inmediata de los políticos y de las industrias. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la protección de los bosques, la reducción de la contaminación, el problema del calentamiento global o toda la basura producida por el ser humano? Este es el motivo de que los días de concienciación sobre los problemas de la Tierra, como este, tengan su importancia. 

Qué tal si...hoy hacemos algo diferente que se vea reflejado en la naturaleza, los pequeños cambios empiezan por personas pequeñas, y que mejor que nosotros. Así que feliz inicio de la semana y 

"Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo", 
-Mahatma Gandhi.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Buscó a su madre en el interior de la selva.

El hijo mayor de Yarima desea verla otra vez
David Good tiene 25 años, su padre Kenneth Good fue un antropólogo estadounidense, y su madre Yarima, proviene de una tribu llamada Yanomami, tribu que vi en la remota selva amazónica entre Venezuela y Brasil.
Kenneth Good, -padre de David- viajó por primera vez al Amazonas en 1975 y se instaló en una pequeña choza a corta distancia de Hasupuweteri, lugar donde viven los Yanomami. El plan del padre de David era quedarse 15 meses haciendo un trabajo de campo que consistía en medir el consumo proteico de los miembros de la aldea, unos datos con los que su tutor académico pensaba explicar las causas del estado de guerra constante en que vivían los distintos grupos de la etnia.
Los habitantes de Hasupuweteri lo llamaban a Kennet shori, que significa: cuñado o hermano de ley. “Mi padre pensaba que los yanomamis no eran tan feroces como los habían pintado. Y creo que algo de razón tenía, porque terminó viviendo allí 11 años y es difícil imaginar que alguien pueda quedarse tanto tiempo viviendo entre guerreros agresivos”, señala David.
Un día, en 1978, el jefe de Hasupuweteri le hizo a Kenneth una propuesta.
“Shori, me dijo, vienes aquí todo el tiempo, casi vives con nosotros… Estuve pensando que deberías tener una esposa. No es bueno que vivas solo”, escribió Kenneth Good en sus memorias, publicadas en 1991 con el título “Into the Heart: An Amazonian Love Story”.
Kenneth, Yarima y sus hijos
Kenneth, Yarima y sus hijos

Al principio se rehusó. Pero luego comenzó a pensar que tal vez debía considerar la oferta, que era ciertamente una manera de adaptarse a las costumbres del lugar donde vivía.
El jefe tribal le dijo: “Toma a Yarima. Te va a gustar”. Yarima era la hermana del jefe y ciertamente le parecía bonita. Pero era una niña de no más de 12 años. Good tenía 36.
Como los yanomamis no saben su edad y carecen de un sistema de numeración (en su lengua solo hay palabras para “uno”, “dos” y “muchos”), Good no supo cuántos años tenía Yarima cuando tuvieron sexo por primera vez. En sus memorias, escribió que sería “alrededor de 15″.
Ocho años después de su acuerdo matrimonial y cuatro desde la consumación del vínculo, Kenneth decidió el 17 de octubre de 1986 tomar un avión rumbo a Nueva York.
Una semana más tarde, tras pasar por un juzgado en Delaware, estaban legalmente casados. Nueve días después nació David, el hijo mayor, en un hospital de Filadelfia.
Su hermana Vanessa nació poco más de un año después, y a los tres años vino el tercer hijo, Daniel.
La mudanza de lugar afectó a Yarima, ella sentía que vivía en una caja oscura, nadie a excepción de su esposo Kenneth, hablaba su lengua. No tenía medios para comunicarse con los suyos. Yarima no soportó vivir en la ciudad y junto a su último hijo Daniel, regresaron a la selva.
“Mi hermana, mi padre y yo estábamos en Estados Unidos y mi madre y mi hermano en el Amazonas. Recuerdo a mi padre decir ‘voy a buscarlos y regresamos todos’”, relata David; sin embargo Kenneth volvió con Daniel, pero Yarima nunca regresó a Nueva Jersey, lugar donde viviamos. El hijo mayor revela que los días de espera se convirtieron en meses, hasta que lentamente entendió que no volvería a ver a su madre.
David no pasó un día sin recordar con odio a su madre que los había abandonado y le dijo a su padre, que si alguien preguntaba por sus rasgos físicos diría que era de origen hispano, nunca yanomami.
En 1992, participaron en un documental de National Geographic que los siguió en su primera visita en casi cuatro años al Amazonas: en él se muestran momentos felices de Yarima, pero se refleja también su desaliento.
Fue a los 21 años que David por primera vez, decidió ver el documental de National Geographic sobre su familia, en el que había participado 16 años antes.
David y su madre Yarima
David y su madre Yarima
Cuando apareció su madre en la pantalla y la escuchó hablar, se quebró en llanto. Poco después leyó las memorias de su padre y se metió a explorar de lleno la cultura yanomami.
“Comencé a entender por qué se había ido, todo lo que había tenido que pasar… No creo que hubiera logrado sobrevivir. Ser una madre yanomami, educarme según las costumbres yanomami: era virtualmente imposible”, reconoce David hoy.
A los 22, sintió una necesidad urgente de reconectarse con ese costado de su historia.
Así fue que en 2009, después de algunas averiguaciones hechas por su padre, se puso en contacto con la antropóloga Hortensia Caballero, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y fue solo en el año 2011 que la antropóloga consiguió tener permiso para la visita de David.
A Yarima se le preguntó si gustaría encontrarse con su hijo David y ella fue afirmativa en su respuesta. Kenneth su padre, que para entonces tenía casi 70 años, estaba preocupado por ese viaje y frustrado por no poder ayudarlo más, pero le ayudó a financiar su viaje, así como a elegir regalos para llevar a la comunidad de la madre. Sus hermanos no quisieron acompañarlo.
El Encuentro
Después de un largo viaje por el Río Orinoco, finalmente llegaron a la aldea de los Yanomami, eran 19 años sin ver a su madre, con unos 40 años, vigorosa y fuerte, Yarima quedó estupefacta frente a su hijo. David la reconoció apenas la vio.
“Me paré y caminé hacia ella. Y de repente pensé ‘¿cómo la saludo?’ Quería abrazarla, pero no es la manera en que se saludan los yanomamis”, relata David.
David junto a los nativos Yanomami
David junto a los nativos Yanomami
Y continúa: “Fue un encuentro incómodo. Puse mi mano en su hombro, ella comenzó a temblar y llorar. Entonces la miré a los ojos y me largué a llorar yo también”.
“Me acuerdo del silencio de ese momento. Fue un momento intenso, bello… Todas las mujeres de la aldea tenían los ojos llenos de lágrimas”.
David comenzó a hablarle en inglés suavemente, frases como “finalmente estoy aquí”, “lo logré, estoy de vuelta” o “cuánto, cuánto tiempo”.
El propósito de su viaje al Amazonas a más de encontrarse con su madre era poder entender por lo que había pasado su padre tres décadas antes.
David pasó tres meses en el Amazonas pero tenía que regresar a Estados Unidos y sabía que la despedida sería dura. “Desatar el nudo de la hamaca es, a los ojos de los yanomamis, el gesto último de que uno va a partir. En ese momento lloramos todos”, dice Good. Yarima estaba devastada. Realmente se había convencido de que David iba a quedarse en la aldea.
“Le dije que volvería. Desafortunadamente ya han pasado dos años, más de lo que hubiera querido”, reconoce David. Lo que sí sabe es que hoy es una persona completamente distinta a la de hace cinco años.
“Ahora estoy orgulloso de mis ancestros. Estoy orgulloso de ser yanomami-estadounidense”, expresa el joven. Y agrega: “Amo a mi madre… No soy un antropólogo, no soy un político, no soy un misionero. Soy hermano y soy hijo”.


David Good junto a su madre


Aquí les dejo el reportaje por BBC, que detalla mejor  la historia de antes y después de su encuentro con su madre.

Lagos más grandes del Caribe ven descender su salinidad y aumentar su altura

Los dos lagos más grandes del Caribe, el Enriquillo (República Dominicana) y el Azuei (Haití), han visto descender su salinidad y han experimentado una rápida elevación en los últimos 10 años de 11,5 y 5 metros, respectivamente, que ha causado fuertes inundaciones en las tierras fértiles que los rodean y el desplazamiento de pobladores.


Investigadores del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y del City College de Nueva York (CCNY) han completado una batimetría digital detallada de ambos lagos que presenta el mapa virtual del fondo y permite tener una idea precisa de qué cantidad de agua han ganado los lagos desde que comenzaron a crecer en 2003.

En una entrevista con Efe, Cándido Quintana, uno de los investigadores del INTEC, explicó que tras un período largo en el cual el Lago Enriquillo decrecía y que concluyó en 2003, ahora el lago está creciendo de "manera acelerada", una subida "sin precedentes" en la zona, según apostilla, también a Efe, Jorge González, del CCNY.

El Lago Enriquillo, junto al Mar Muerto, es de los pocos delv mundo que se encuentra por debajo del nivel del mar.

Según explica González, otro de los fenómenos que está experimentando el Lago Enriquillo (unos 260 kilómetros al oeste de Santo Domingo) es el de su rápida pérdida de salinidad.

Los datos indican, además, que los niveles de salinidad de Enriquillo se han reducido en más de 75 ppm (partes por mil) a alrededor de 20 ppm, equivalente a agua dulce, según revela González.

Además ha ganado en volumen de agua, 3,53 kilómetros cúbicos, su superficie ha crecido 1,2 veces de 2003 a 2013 y ha inundado alrededor de 150 kilómetros cuadrados de tierras fértiles.

El Gobierno dominicano ya tiene en marcha varios proyectos de construcción de viviendas para albergar a las familias que se han visto obligadas a desplazarse por esta subida.

La batimetría ahora completada, según Quintana, es de suma importancia para establecer balances hídricos precisos de los lagos, una medida neta de la cantidad de agua de entrada y salida, necesaria para determinar las causas de las crecidas.

Con este avance, los investigadores están en condiciones de anticipar de manera más precisa cuánto más podrían aumentar en el futuro los lagos. 


Los expertos han instalado una red de sensores climáticos para seguir de cerca el clima en distintas localidades de la provincia Independencia, donde se encuentra el Lago Enriquillo (junto a la provincia de Bahoruco).

domingo, 25 de agosto de 2013

Haití y la República Dominicana se alían en defensa de la riqueza natural de la isla Española

Dos países y un mismo territorio rodeado por el mar Caribe. Dos culturas que comparten una misma riqueza natural y una increíble variedad de especies endémicas que convierten al Caribe insular en uno de los ocho puntos con mayor biodiversidad del mundo.

Son muchos los retos comunes a los que se enfrentan Haití y la República Dominicana. En ambos países, la biodiversidad se encuentra extremadamente amenazada por la erosión de los suelos, la deforestación progresiva, la sobreexplotación de los recursos terrestres y marinos existentes debido a la falta de alternativas para subsistir de algunos segmentos de la población, y el desconocimiento de las  comunidades del valor de la riqueza natural de su entorno. 

Si bien las comunidades subsisten gracias a esa riqueza,  desconocen otros valores, como los servicios ambientales o ecosistémicos que ofrece. Por ello, la planificación conjunta se vuelve un aspecto esencial para poder conservar y rehabilitar la biodiversidad de la isla.


Con ese objetivo, en Santo Domingo empezó hoy el primer Taller Binacional entre la República de Haití y la República Dominicana en materia de Medio Ambiente, titulado “Diversidad Biológica en el Caribe y Manejo de los Recursos Naturales para Tomadores de Decisiones Nacionales de la Isla Española”.